Imagen destacada del artículo ‘Impacto y ESG en el Venture Capital: ¿moda o futuro?’ de SEGOFINANCE, con plantas creciendo sobre pilas de monedas y un tarro de cristal con brotes, simbolizando inversión sostenible, impacto y criterios ESG

Impacto y ESG en el Venture Capital: ¿moda o futuro?

Javier Botella | 05 mayo, 2026

Durante muchos años, el venture capital se centró casi exclusivamente en el crecimiento, la tecnología y el potencial de rentabilidad. Sin embargo, en los últimos años han ganado peso conceptos como impacto, sostenibilidad y ESG (Environmental, Social and Governance). Lo que comenzó como una tendencia impulsada por regulación europea e inversores institucionales se está consolidando como un factor cada vez más relevante en la inversión en startups.

Hoy, muchos fondos de venture capital ya no analizan únicamente el mercado, el equipo o el modelo de negocio, sino también el impacto medioambiental, el impacto social y la calidad del gobierno corporativo de las compañías en las que invierten. La reflexión clave es si el ESG es una moda pasajera o una evolución estructural del sector.

Qué significa ESG en el contexto de las startups

El concepto ESG se apoya en tres pilares. La dimensión medioambiental analiza el impacto de la empresa sobre el entorno, como emisiones, consumo energético o eficiencia en el uso de recursos. La dimensión social evalúa el efecto sobre empleados, clientes y sociedad, incluyendo diversidad, condiciones laborales o el impacto del producto. Por último, la gobernanza se centra en la estructura de la compañía, la transparencia, la relación con los inversores y los procesos de toma de decisiones.

A diferencia de las empresas cotizadas, donde estas métricas están más estandarizadas, en las startups todavía se encuentran en fase de definición. Aun así, cada vez más fondos exigen reportes mínimos de impacto y sostenibilidad, especialmente cuando cuentan con inversores institucionales sujetos a normativa ESG.

Por qué el ESG gana peso en el venture capital

Existen varios factores que explican esta evolución. El primero es la regulación: en Europa, muchos inversores institucionales deben cumplir criterios de sostenibilidad, lo que ha obligado a los fondos de venture capital a integrar el ESG en sus procesos de inversión.

El segundo motivo está ligado a las oportunidades de mercado. Muchas de las grandes áreas de crecimiento de los próximos años —transición energética, eficiencia de recursos, movilidad sostenible, salud o economía circular— están directamente relacionadas con el impacto. En este sentido, el ESG no solo responde a criterios éticos, sino también a grandes vectores de creación de valor.

El tercer factor es el riesgo reputacional y operativo. Problemas de gobernanza, falta de transparencia o malas prácticas laborales pueden destruir valor rápidamente y afectar tanto a la startup como al fondo inversor.

Impact investing frente a venture capital tradicional

Conviene diferenciar entre impact investing y venture capital con criterios ESG. El impact investing busca explícitamente generar un impacto social o medioambiental medible además de rentabilidad financiera. En cambio, muchos fondos tradicionales no invierten únicamente por impacto, pero sí integran criterios ESG para gestionar riesgos y acompañar mejor a sus participadas.

Cada vez más fondos se sitúan en un punto intermedio, donde priorizan empresas rentables que, además, generan un impacto positivo o evitan impactos negativos relevantes. El ESG se convierte así en una herramienta de análisis complementaria, no excluyente.

Cómo se mide el impacto en startups

Uno de los grandes retos del ESG en venture capital es la medición. Mientras que ingresos o márgenes son fáciles de cuantificar, el impacto social o medioambiental es más complejo de medir. Algunas métricas habituales incluyen reducción de emisiones, ahorro energético, empleo generado, diversidad del equipo o políticas de gobierno corporativo.

Más allá del discurso, lo que los inversores valoran es la capacidad de la startup para demostrar con datos que su actividad genera un efecto positivo o mitiga un problema real.

Conclusión

El ESG y la inversión de impacto están ganando relevancia de forma estructural en el venture capital, especialmente en Europa. Aunque la medición del impacto aún está en desarrollo, cada vez más fondos incorporan criterios sociales, medioambientales y de gobernanza en su análisis y seguimiento.

El futuro del venture capital probablemente no será exclusivamente financiero ni puramente ESG, sino una combinación de ambos. Los inversores seguirán buscando alto potencial de crecimiento, pero prestando más atención a empresas que aporten soluciones reales a grandes retos sociales, tecnológicos y medioambientales. En ese sentido, el ESG parece menos una moda y más una evolución natural del sector.

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