Mano sosteniendo un cohete iluminado representando el crecimiento de startups, con el logo de SEGOFINANCE y flechas ascendentes sobre fondo azul.

Follow-ons: cuándo acompañar a una startup y cuándo no 

Javier Botella | 18 febrero, 2026

En el mundo del venture capital, invertir en una startup no termina en la primera ronda. En muchos casos, los inversores se enfrentan al dilema de si participar o no en rondas posteriores, conocidas como follow-ons. Estas decisiones son estratégicas porque determinan no solo el retorno potencial de la inversión, sino también la relación con los fundadores, el posicionamiento frente a otros inversores y la propia construcción de la cartera del fondo. 

El follow-on puede convertirse en una oportunidad para reforzar la participación en compañías que muestran un desempeño sobresaliente, pero también puede ser una trampa si se sigue financiando a startups que no han demostrado tracción suficiente. Saber diferenciar entre ambas situaciones es uno de los mayores retos para un inversor de capital riesgo. 

Cuándo tiene sentido acompañar 

El escenario ideal para realizar un follow-on es cuando la startup demuestra que ha sabido aprovechar el capital inicial y ha cumplido, o incluso superado, los hitos planteados en la ronda anterior. Esto se traduce en métricas claras de crecimiento: un aumento consistente en usuarios, clientes recurrentes, ingresos o márgenes, así como señales de que el producto ha encontrado un encaje sólido en el mercado. 

Otro factor decisivo es el equipo fundador. Si los emprendedores han mostrado capacidad de ejecución, resiliencia ante la adversidad y visión estratégica, el inversor tiene motivos de peso para seguir apostando. De hecho, reforzar la posición en este tipo de compañías permite maximizar la exposición a los “outliers” que, según la lógica del power law, serán los responsables de la mayor parte de los retornos del fondo. 

Además, la participación en rondas de seguimiento suele enviar al mercado una señal positiva: demuestra confianza en la empresa y atrae a nuevos inversores. Esto puede resultar clave en fases de escalado, donde la startup necesita capital para expandirse internacionalmente, reforzar su equipo o acelerar la adquisición de clientes.  

Cuándo es mejor no hacerlo 

No todas las startups justifican un follow-on, y saber decir “no” es tan importante como elegir en qué empresas invertir. Una de las señales más claras de alerta es la falta de tracción real. Si, tras la primera ronda, la compañía sigue dependiendo únicamente de proyecciones sin haber validado su modelo de negocio, es probable que el capital adicional se consuma sin generar el crecimiento esperado. 

También es un error común caer en lo que se conoce como el “sunk cost fallacy” o falacia del coste hundido: la tendencia a seguir invirtiendo simplemente porque ya se ha comprometido capital previamente. En estos casos, el inversor corre el riesgo de destinar recursos a un proyecto con pocas probabilidades de éxito, en lugar de reservar ese capital para oportunidades más prometedoras. 

Otro aspecto que considerar es la valoración. Acompañar a una startup a cualquier precio no siempre es recomendable. Si el nuevo tramo de financiación implica una valoración inflada que no se corresponde con la realidad del mercado o con los avances de la compañía, participar puede poner en riesgo la rentabilidad futura. 

El equilibrio en la estrategia de cartera 

Las decisiones sobre follow-ons no deben analizarse de forma aislada, sino dentro de la estrategia global del fondo o la plataforma. Los gestores deben considerar la reserva de capital destinada a acompañar a las compañías más prometedoras y, al mismo tiempo, mantener la flexibilidad para entrar en nuevas oportunidades. 

Algunos fondos establecen desde el inicio una política de “reserves” —es decir, reservar un porcentaje del capital comprometido para rondas futuras— con el objetivo de no quedarse fuera de las startups que realmente despeguen. Otros prefieren mantener un enfoque más oportunista, evaluando caso por caso según la evolución del mercado y la dinámica de la cartera. 

La relación con los fundadores y otros inversores 

Más allá de los números, la decisión de participar en un follow-on tiene un fuerte componente relacional. Acompañar a los fundadores en una nueva ronda puede reforzar la confianza y consolidar la relación a largo plazo. Sin embargo, negarse a hacerlo no significa necesariamente una ruptura: en muchos casos, es una decisión estratégica que debe explicarse con transparencia y profesionalidad. 

También es importante observar la dinámica con otros inversores. Si un fondo de prestigio decide liderar la siguiente ronda, participar puede ser una forma de aprovechar el respaldo reputacional y el know-how que ese socio aporta. En cambio, si los nuevos inversores muestran dudas o las condiciones no son claras, puede ser una señal de advertencia para reconsiderar la participación. 

Conclusión

Los follow-ons son una herramienta clave en el venture capital para maximizar retornos y consolidar la relación con las mejores startups de la cartera. Acompañar tiene sentido cuando la compañía demuestra tracción, escalabilidad y un equipo sólido capaz de ejecutar. Por el contrario, insistir en proyectos sin validación real o con valoraciones poco realistas puede comprometer la rentabilidad de todo el fondo. 

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